INTRODUCCIÓN

Este es un espacio para que los fanáticos del cine y la literatura entiendan la importancia de la reinterpretación de una obra, cuando pasa de un género a otro.
Entre cinta y palabra busca dar a conocer la importancia de la reinterpretación, para que los lectores entiendan que cuando se realiza la adaptación de una obra literaria a una fílmica, no se pretende hacer una copia exacta de esta, sino crear una nueva obra a partir de la interpretación personal del director o creador del filme.
Cada vez que leemos un libro hacemos una interpretación personal de este, por eso, por más que queramos nunca podemos pretender que una adaptación cinematográfica de un obra literaria llene todas nuestras expectativas. Es importante saber que en las películas lo que vemos es la posición e interpretación de sus creadores, y no nuestra interpretación personal.

jueves, 16 de mayo de 2013

Del amor y otros demonios Libro y Filme, ¿acierto o desacierto?

A pesar de que es importante que entendamos que la literatura y el cine son dos artes completamente distintas, podemos evidenciar algunos detalles que hacen que las diferencias entre Del amor y otros demonios escrita por Gabriel García Márquez en 1993 y la película realizada en 2009 por Hilda Hidalgo sean realmente abismales... consideramos que a pesar de que son artes y obras distintas, hay varios aspectos que difieren fuertemente de la idea original.

García Márquez es un excelente narrador y logra contar mucho en un libro realmente corto, es un texto ágil, con un ritmo rápido que no se queda en los detalles mínimos. A diferencia de la película, que es lenta, pesada y cuenta algunos detalles que no eran tan relevantes para la trama principal, omitiendo algunos que hubieran sido de gran ayuda para la construcción del argumento en la forma fílmica.

Pero la mayor diferencia que se encuentra en el libro y la película es que el filme decide renunciar a la sensualidad propia del libro, a esa pasión que Gabo nos quiere mostrar. Las imágenes se quedan cortas, los diálogos y las escenas son mojigatas, y acaban con ese imaginario del amor desde la carne y el deseo prohibido.

A modo de interpretación propia, pensamos que aunque la directora evidencia la intensión de resaltar la mojigatez, cae en el juego de la falsedad o la negación propia de la época. Si bien, aunque nosotros no vivimos esa época, tenemos claro que el hombre guardaba en su interior sus más crudos deseos carnales, pero no los ignoraba. Sí había pasión, deseos, sexo, crudeza y tentaciones satisfechas. A diferencia de Gabo, quien nos destapa el panorama en su libro, mostrando ese lado tan humano que, por más distinta la época en la que se viva, nunca se podrá ignorar y siempre tendrá vigencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario